Avatar: La leyenda de Aang es una de las mejores series animadas de la Historia sin lugar a dudas. Esto porqué, a pesar de ser una serie para niños, trata temas profundos de manera magistral. Mi idea es algún día analizar la serie completa, capítulo por capítulo. Pero eso me tomará mucho tiempo, esfuerzo y lectura, así que, por el momento, presentaré una versión mejorada de un ensayo que realicé hace algunos años.
Este es un análisis del capítulo 12 de la primera temporada de la serie llamado Tormenta, desde 3 perspectivas teóricas diferentes, pero interconectadas. Por un lado, está Gregory Bateson con su trabajo Hacia una teoría de la esquizofrenia. Por otro lado, está Sigmund Freud con Duelo y Melancolía y Lo Siniestro.
Con esto en mente, el propósito del ensayo es, a partir de los referentes teóricos ya mencionados, demostrar cómo el inconsciente encuentra la manera de emerger e irrumpir ante la conciencia. A su vez, se pretende ejemplificar y desmitificar dos procesos naturales de la experiencia humana: el duelo y la melancolía. Y, por último, se busca analizar cómo las dinámicas comunicacionales/lingüísticas en las que se ve inserto un individuo juegan un rol fundamental en la construcción de su identidad.
El Sueño de Aang
El episodio comienza con Aang volando a las espaldas de su bisonte volador: Appa. A su lado se encuentran sus dos amigos Sokka y Katara, pero, como pocas veces en toda la serie, estos se encuentran volando por sus propios medios. Para la audiencia, cuando aparece Katara volando sobre Momo, es claro que lo que se está presenciando es un sueño. Sin embargo, Aang no se da cuenta de esto, hasta que Katara le dice "Te necesitamos Aang" y se genera una gran tormenta que amenaza con atraparlo. En ese momento, Sokka y Katara desaparecen, dejándolo completamente solo.
Cuando esto sucede, un monje de edad avanzada, al cual identifica como Gyatso, aparece enfrente suyo y le pregunta "¿Por qué desapareciste?" y Aang le dice "No quise hacerlo" con claro remordimiento. Después de esto, Aang trata de tocarlo, pero, cuando lo intenta, Gyatso comienza a desvanecerse. Aquí es cuando la tormenta lo atrapa e inevitablemente tumba a Appa en dirección al mar; mientras esto ocurre, se escucha la voz de Gyatso diciendo "Te necesitamos Aang". En el momento en el que Appa y Aang se estrellan contra la superficie marina y se comienzan a hundir, se pueden escuchar las voces de Sokka y Katara diciendo una y otra vez "Te necesitamos Aang". Finalmente, Aang se despierta y se da cuenta que todo fue solo una pesadilla.
Según Freud, los sueños representan el inconsciente de una persona, o, más bien, una manifestación a pequeña escala de este. Freud propone que esta representación del inconsciente puede ser interpretada. Lacan amplía esta noción diciendo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, una cadena de significantes relacionados de manera lógica. En este sentido, lo que Lacan y Freud proponen es que, a pesar de lo raro o ilógico que puedan parecer, los sueños están llenos de contenido que puede ser leído como si fuese un texto, una imagen o una escena animada.
Si pensamos de esta manera el sueño de Aang, podemos darnos cuenta de varios elementos dentro de este que no son casuales o aleatorios, por el contrario, son la cadena de significantes de la que habla Lacan, las manifestaciones simbólicas del inconsciente que habla Freud.
Desde esta perspectiva, la tormenta, el mar, las voces y la figura de Gyatso son una representación del caos interior de Aang. En específico, son la forma en la que se manifiesta la culpa que siente, el duelo que no ha procesado y su deseo fracturado entre el querer ser y el deber ser.
No me extenderé mucho interpretando el sueño porque todavía queda todo el episodio por analizar e interpretar el sueño ni siquiera era mi idea, solo quise plantear una de las dimensiones que toman las teorías de Freud y Lacan; no obstante, para no dejar al aire el significado de este, básicamente, el sueño de Aang es una re-presentación del día que cambió su vida con elementos de su presente.
La tormenta es un fenómeno natural-físico que realmente ocurre cuando Aang huye del Templo Aire Sur y es la razón por la que queda congelado por 100 años. Sin embargo, la tormenta también es la representación del caos interno de Aang que surge a partir de las voces que escucha y la figura de Gyatso que, a su vez, representan la culpa que siente y el duelo que no ha procesado.
Las voces son una manifestación de los reproches que él mismo se hace, es decir, de su sentimiento de culpa. La figura de Gyatso, por su parte, es una manifestación de tres elementos: la pérdida del mundo que conocía, la pérdida de su figura paterna y, lo más importante, la negación de esta pérdida; un duelo que no se ha procesado.
Dejaré hasta acá la interpretación del sueño porque siento que ya me he extendido mucho en él.
El Peso de la Historia
El capítulo continúa con Aang, Katara y Sokka preparándose para ir al mercado porque ya no les queda comida. Sin embargo, en este momento cambiamos a la situación en la que se encuentran Iroh y Zuko, que en este episodio funcionan como otra forma en la que se manifiestan los mismos problemas de Aang.
Zuko es en muchos sentidos la contraparte de Aang, desde la naturaleza de sus poderes (el aire control y el fuego control; diferencia que se explora en el capítulo 16 de la primera temporada El desertor), la forma en la que manifiestan sus traumas (internalizando y externalizando), la manera en la que estos eventos traumáticos suceden (por evitar y por enfrentar) y cómo son contados estos eventos (Aang cuenta su propia historia mientras que la historia de Zuko la cuenta Iroh).
El conflicto de nuestros dos protagonistas alcanza su punto máximo a partir de una confrontación con un tercero. En el caso de Zuko, Iroh siente la necesidad de explicarle a la tripulación porque Zuko es como es después de que éste casi se pone a pelear con su capitán. Por su parte, Aang le cuenta a Katara su historia después de que un pescador del pueblo en el que estaban visitando lo increpara por haber abandonado al mundo durante 100 años.
Por continuar...